Por: Luis Sepulveda, lemondediplomatique.cl
A veces, cuando en Santiago algunos compañeros que tuvimos el honor de ser integrantes del GAP, nos reunimos en torno a un asado, no dejo de pensar en la dura y tierna fragilidad del heroísmo, y ni siquiera tengo que cerrar los ojos para imaginar a alguno de ellos, por ejemplo “Patán”, “Galo” o “Eladio”, mientras recorren la ciudad en busca de las picadas en donde comprar la carne, el vino o los tomates, y se cruzan con cientos de personas cabizbajas que ignoran la razón por la que esos tres hombres avanzan bien erguidos, sin embargo del paso de los años, y sin mirar al suelo. No saben que esos hombres son héroes, que combatieron junto a Salvador Allende por la más noble de las ideas, que eran apenas un puñado en La Moneda, que lucharon hasta agotar la munición, que en el combate demostraron ser infinitamente mejores que los traidores, que si se entregaron fue porque Allende ordenó no dejarse matar inútilmente, y que para ellos no hubo trato de prisioneros de guerra ni ninguna convención humanitaria que les amparase.
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